186En petit comité deciros que me llaman el Barco de Cangas, por que siempre empiezo el canto de comunión desde el altar con un sonoro "TÚUUUUU" (esperando que los fieles continuen ... has venido a la orilla), pero cuando llego a las escaleras para dar la comunión, el barco se hundió. No sé dar la nota adecuada. En México (siempre con " x" nunca con "j") dicen que lo peor que te puede pasar es que te encuentres con un pendejo. Y es cierto, pero yo creo que lo peor que te puede ocurrir es que te encuentres con un Pendejo con iniciativa propia. Ahí sí, apaga y vamonos.
Pues musicalmente hablando yo soy uno de esos. Me lanzo al ruedo sin el más mínimo pudor. Lo que provoca que se resienta tanto la dignidad de la celebración litúrgica, como la piedad de los feligreses, sin mencionar mi maltrecha reputación. Pero os lo juro que yo no era así. Os recuerdo que soy de la tierra del Mariachi, del Tequila, y del canto sentido. Es más, mi madre en lugar de cantarme una nana para dormir, me ponía canciones de Chavela Vargas, Juan Gabriel, Jorge Negrete o Pedro Infante. Yo cantaba, lo juro, pero una mujer secuestró mi voz.
Septiembre de 1998. Lo recuerdo como si fuera ayer. Noche de verano en una ciudad del país azteca. La escena del crimen, como no, un escarabajo de color blanco. Después de cenar en un conocido restaurante italiano, cuando ella amablemente me acercaba a casa detuvo el coche en una oscura calle. Cogió un casette y lo insertó en el aparato de radio. Me dijo: "escucha con atención". Obviamente, me imagine que sería una canción que me había dedicado en algún programa de radio, la última entrevista que había hecho en el programa de radio que dirigía o una oda de amor hacia el que escribe. Pero mi gozo en un pozo. La canción que me dedicó, eso si lo hizo, se titula "Mi error, mi fantasía" de Edith Márquez.
Disculpame, por suponerte especial
Por creer que eras mas alto que la luna
vivi en una jaula de cristal, pero hoy
quiero volar, como ninguna.
Lo que más me dolió fue cuando parte de la letra dice:
aposte a un perdedor
Escribol estas líneas, mientras escucho de nuevo a Edith Márquez. A ella, la del escarabajo, la encomiendo allá donde esté, y desde entonces cada mes de septiembre me echo un tequila en su honor, por que también me han enseñado que un caballero no tiene memoria.
P.D. Prometo esforzarme en cantar mejor. Palabrita del Niño Jesús.





























